20 mar. 2016

Taller Vivencial

Dentro del vientre materno tienen lugar acontecimientos impactantes que quedan grabados en nuestra memoria subconsciente y que más tarde incidirán profundamente en nuestra vida de adultos.  
A partir de dos pequeñas células se desarrolla una forma física compleja que ya antes de nacer dispone de todas las capacidades de las que se servirá durante su existencia. Ante el rechazo, la agresión o la indiferencia, el bebé puede reaccionar con impotencia, odio, culpa o pánico, originando así pautas de conducta y conflictos emocionales que se manifestarán más tarde en su vida.
El bebé en desarrollo trae consigo además las impresiones emocionales de sus vidas anteriores, que son reactivadas por las experiencias de la vida fetal. Básicamente, la impronta emocional de una experiencia traumática de una vida anterior es reactualizada por un trauma de la vida presente que activa la memoria emocional del hecho anterior. Como regla general ese incidente gatillo se encuentra fundamentalmente en el período intrauterino y en el momento del nacimiento, y en ocasiones puede hallarse también en la primera infancia.
Habitualmente no recordamos nada ni de nuestra vida fetal ni del nacimiento y por ello ambas experiencias no están integradas a nuestra memoria consciente. 
















Durante estos nueve meses estos dos seres van a estar inmersos en un mismo ambiente emocional que va a estar regido por la madre;  sentimos las emociones que siente la madre y, de alguna forma, las asumimos como propias. El ser puede elegir nacer o aceptar esta decisión y, una vez en el vientre, plantearse si merece la pena venir o no. Se necesita hacer un chequeo de las emociones que siente para librarle de la carga emocional. Si la madre es rechazada por su pareja o sus familiares, sentirá que él también es rechazado y hasta puede sentirse culpable de ese rechazo.  Si el padre espera un hijo varón y el feto es niña, el alma puede tomar decisiones en el útero, que condicionarán toda su vida; puede sentirse culpable por no ser lo que su padre espera que sea, o tomar la determinación de ganarse su amor, sometiéndose a su voluntad y más adelante, reproducirá esta conducta en cada vinculo afectivo que establezca.

El sólo hecho de que los padres  hayan pensado en algún momento del embarazo, la posibilidad de abortarlo, aunque luego no lo lleven a cabo, es suficiente para que ya no se confíe en ellos, se rechacen, se viva con miedo esperando la muerte en cualquier momento, o se sometan completamente a su voluntad, para ganarse su amor y asegurarse su supervivencia; si el aborto tiene lugar, sus consecuencias emocionales se manifestaran entonces en la vida siguiente.



El nacimiento es nuestro primer contacto con esta vida , carencias de caricias en esta etapa pueden haber dificultado el vínculo con la familia o cualquier situación que durante este periodo no tuvo la cobertura suficiente.
En todo nacimiento, el bebé revive la agonía de una muerte anterior; hay una relación directa entre las experiencias traumáticas de otras vidas y el nacimiento.
Se genera más conmoción al nacer que morir...Morir es liberarse...Nacer es comenzar la tarea: es descender a un mundo donde se experimenta el dolor, se asumen responsabilidades y obligaciones, que tal vez no estemos muy deseosos de realizar...es el ingreso a lo desconocido... Cada vez que debemos iniciar algo nuevo en esta vida, y que no conocemos, experimentamos de nuevo esa sensación; esta es una de las esfinges, trabas,  más importantes que debemos atravesar en la vida.
El bebé puede negarse a nacer, enroscándose en el cordón, haciendo fuerza con las piernas, cerrando los ojos, negándose a respirar...Todo esto se reproducirá en las circunstancias claves de la vida, como a la hora de tomar decisiones vitales, de emprender proyectos importantes o cambiar de trabajo.

No es lo mismo que la madre vea a su bebé saliendo de ella misma y que tome contacto con él antes de que se corte el cordón umbilical, que verlo varias horas o un par de días después... Se pierde la magia del primer encuentro... Eso es algo irrecuperable, que incidirá en la comunicación y en el vinculo madre-hijo para toda la vida; la consecuencia del empleo de anestesia general en el nacimiento, ya sea parto o cesárea, implica el efecto inmediato de desconexión madre-hijo.

Al reproducir de nuevo el nacimiento, de una forma consciente, se imprime un nuevo registro neuronal y cambia la forma de actuar en la vida; puede ser determinante para cerrar y poner fin a una historia del pasado.

 Nos comportamos en la vida, tal como hemos nacido.

En este taller regresarás a ese sagrado momento en que compartías aguas y campo energético con tu mamá, y te permitirás revivir con comprensión este trascendental momento.
Además volverás a reproducir tu nacimiento con plena elección consciente, para recuperar tu poder y sanar heridas.

 
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